29 DE JUNIO DEL 2014, NUNCA LO OLVIDARÉ.

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Con los años la memoria se va debilitando y lo único que permanece en nuestro recuerdo es eso mismo que define la palabra, hechos pasados que vienen a la mente. 
De la infancia tengo imágenes preciosas y a la vez efímeras, la adolescencia estuvo marcada de anécdotas y en mi adultez todavía busco el adjetivo correcto para definirlo.

A los veintisiete años de edad que tengo, me he dado cuenta de que la vida está marcada por etapas y no provocadas por uno mismo, si no por el destino. Si yo tuviera que enumerar las mías hasta el momento, serían las siguientes:

La primera, ver como mi madre se mataba día y noche a trabajar para que nunca me faltase nada. Esta segunda hizo que empezase a comprender que la vida a veces te da, y otras te quita. La muerte de mi padre. El empezar a trabajar desde muy joven para ayudar en casa, hizo que la tercera etapa marcase una madurez anticipada. La cuarta etapa yo no la elegí, ahí fue la primera vez que me di cuenta de la intervención del destino, el amor llamó a mi puerta. Portugal, esta es mi quinta etapa y hasta el momento la última. Aquí me detengo.

Cuando mi amigo y a la vez marido me propuso la idea de marcharnos a vivir durante una temporada a Lisboa, el mundo se me vino abajo, el desconocimiento provocaba miedo, angustia e incertidumbre, pero su compañía me aportaba seguridad. 

Cuando aterricé por primera vez en el País, solo me formulaba abundantes preguntas: ¿Qué hago con mi trabajo?, ¿cómo lo podré combinar estando aquí?, ¿y si descuido mi matrimonio?, ¿cuanto tardaré en ver a mi familia?, ¿y el idioma?, ¿los portugueses cómo serán?, ¿haré amigos?…

Cuatro años después me contesto a todo: 
Mi trabajo lo mantuve de la mejor manera posible, viajaba a las seis de la mañana y volvía a casa a las nueve de la noche, realmente el horario era igual o parecido a tantísimas personas en el mundo que tienen un horario largo en su trabajo. Si tenía que dormir menos o estar más cansada no entraba dentro de mis preocupaciones. Mi matrimonio nunca se descuidó porque siempre he estado junto a él, avivando esa magia que nos unió. Los abrazos familiares no se hacían esperar porque yo viajaba a Madrid todas las semanas.

El idioma como en cualquier otro sitio, es hacerse a ello. Al principio no entiendes y seguidamente vas aprendiendo, si a eso le sumas que la gente te ayuda a expresarte y entender, está todo hecho. No me llevo amigos, aumento la familia porque la gente que he conocido son parte de ella.

Todo principio tiene un fin, y esta aventura termina. Al igual que me vine abajo cuando tenía que comenzar, me vengo abajo ahora porque la tengo que abandonar. Aquí he sido y soy feliz, he conocido un mundo nuevo para mi, y siento una pena que insisto, jamás hubiese imaginado.

Si a alguien le tengo que agradecer mi felicidad en esta ciudad (Lisboa), es al Benfica, el club donde mi marido a jugado durante cuatro temporadas y he presenciado su bienestar y alegría de una manera continua. 
Este club ha hecho que hoy pueda estar escribiendo este post apenada por mi marcha. 
El cuidado y la atención ha sido impoluta, me gustaría destacar personalmente el nombre de Joao Silveira y Anabela, dos conocidos que se han convertido en amigos y familia, las dos principales personas que facilitaron mi adaptación y nunca me dejaron sola, en lo bueno y malo siempre tuve sus sonrisas y abrazos.

Aprovecho para mandar un saludo a los medios de comunicación por el buen trato recibido siempre. La amabilidad y educación van unidas de la mano con cada una de las personas que he tratado en restaurantes, comercios, peluquerías, discotecas…

Pero cuando más fui asombrandome fue al recibir poco a poco el cariño de la gente, regalos, mensajes preciosos, cartas, mails, fotos para el recuerdo… No tengo palabras de agradecimiento a ese afecto tan grande que me habéis aportado, estos días atrás cuando saltó la noticia, mis redes sociales reventaban con mensajes de tristeza por nuestra marcha, disculpadme por no poder expresar lo que siento, es muy difícil. Lo llamaría pena, alegría, impotencia, satisfacción… sea como fuere tan solo me queda decir que siempre os llevaré conmigo. El club, los portugueses, vuestro cariño y el País en general habéis hecho que mi quinta etapa esté marcada para el resto de mi vida. Antes dije que era la quinta y hasta el momento última, quiero añadir algo más, sé cuál será el inicio de la sexta, Rusia.

Esta es mi próxima aventura, tengo la misma sensación que al principio, miedo e incertidumbre, pero también le acompaña la parte positiva y que puede con la negativa. La compañía de él, me aporta seguridad. Creo que cuando el avión esté aterrizando me voy realizar las mismas preguntas o quizá más, pero tengo una experiencia satisfactoria y voy con ganas de tener otra. 

Hoy llorando cierro la puerta de mi casa, pero mi emoción parte de la felicidad porque lo más bonito es saber que mi hogar siempre se mantendrá en la ciudad entera.

Gracias, hasta pronto.

OS QUIERO.

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