UN CUENTO LLAMADO SHAILA (3ºPOST)

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¡De nuevo nos encontramos aquí!

Hoy os cuento un nuevo capítulo y nunca mejor dicho porque lo que estoy viviendo es un auténtico cuento. Aunque he de reconocer que hay veces que paso por algunos tramos que los definiría como pesadilla…

Cuando llegué al punto de coger maletas y embarcar rumbo a por mi niña, pensé que todo sería maravillosamente perfecto y no habría ningún tipo de problema. Me equivoqué y mucho. El día cuatro cogí el primer avión destino a Chicago, la finalidad del trayecto sería Utah y hablo en pasado porque de la primera parada no pasé. Las nueve horas de vuelo os podéis imaginar cómo fueron; una gran felicidad e ilusión y por supuesto un sueño largo para recuperar el cansancio del día anterior en la fiesta de despedida (post anterior).

Concretamente viajo con nueve maletas y un carro protegido por una gran funda, así evito los daños que se le puedan causar al ser golpeado. Sí, habéis leído bien, nueve maletas. La diferencia es que en esta ocasión no me cargué de ropa y complementos para mí, esta vez todo lo ocupa mi princesa. Al tener que viajar hasta EEUU a por ella, tengo que llevar todo lo que un bebé necesita y más sin saber la fecha de vuelta a España: mucha ropa, pañales, leche, biberones, crema del culito, polvos de talco, jabón para bañarla, alcohol para curar el cordón, esponjas para lavarla, suero fisiológico, termómetro, chupetes…

Estoy segura que muchos de vosotros os estáis riendo y preguntando a la vez: ¿es que no lo puedes comprar allí? la respuesta es sí, pero yo he preferido traérmelo de España ya que conozco los productos y personas que me aconsejen. Respecto al tema de aduanas, al llegar a EEUU tienes que retirar las maletas y volver a facturarlas hasta la dirección final. Claro que todo esto sucede después de pasar el control de pasaportes.

Con tres horas y media, creía que tendríamos tiempo suficiente para realizar todo lo que vendría por delante. Me equivoqué.

Al entregar mi pasaporte al policía, me pregunta el motivo por el cual hago este viaje y como es lógico, digo la verdad: “Vengo al nacimiento de mi hija que nacerá por gestación subrogada”. En ese momento el agente me comienza a preguntar varias cosas las cuales empiezan a ponerme nerviosa. No eran preguntas extrañas, tan solo que a mí me entraba miedo por falta de experiencia. En ese instante se confirma lo que mi cabeza estaba pensando: algo no iba bien…

Con mucha amabilidad nos invitan (a mis acompañantes y a mí) a ir a una sala donde deben hacerme otras preguntas. Mis nervios o mejor dicho mi miedo aumenta según pasan los minutos. En esa sala se encontraba mucha gente y no con cara de diversión, más bien de angustia. En ese mismo momento nos retiran los pasaportes, eso implica que no podríamos salir del país y a ello le sumamos que las maletas estaban saliendo y no podía ir a recogerlas.

Cuando pasaron cuarenta y cinco minutos nos dirigimos al personal para informarles que tenemos un próximo vuelo el cual estábamos a punto de perder ya que tan solo quedaba una hora y media y era el tiempo justo para cambiar de terminal con las maletas y facturar, lo cual implica una gran pérdida de tiempo. La reacción de dicha persona no es que fuera demasiado agradable, más bien le dio igual.

Desesperación y miedo por lo que pudiera suceder al estar ahí… Toca mi turno. Una mujer comienza a realizar su trabajo preguntándome dónde, cómo, cuándo y por qué se realiza la gestación subrogada. Tengo que mostrar toda la documentación y finalmente, después de haber transcurrido dos horas más, nos sellan pasaportes y nos dejan salir. El vuelo estaba perdido y las maletas tiradas en la cinta, algo de suerte había tenido.

Comenzamos desde cero acudiendo a la compañía y solicitar otro vuelo. Desgraciadamente, para este día ya no había posibilidad. Por ello nos pusimos a buscar un hotel donde pasar la noche para coger el vuelo perdido al día siguiente. También tuvimos que recorrer todo el aeropuerto para dejar las maletas en un lugar seguro y todo esto con los nervios de que la princesa llegara al mundo antes de su fecha prevista. Por fin llegamos al hotel, estamos deseando meternos en la cama para descansar la cabeza de tanta presión.

06:00h: Comienza un nuevo día. Hora de emprender un nuevo viaje, aunque había algo que nunca me abandonaba: el temor. En estos casos ya no sabes qué puede suceder, aunque el destino sí es conocedor de todo y en esta ocasión todo iba a ir sobre ruedas. Cuatro horas de viaje y por fin abro la puerta del hogar donde la pequeña princesa acudirá un día después de haber nacido.

Si tengo que hacer un resumen de lo sucedido, lo definiría como “una actuación perfecta”. Me parece que los agentes realizaron su trabajo de una forma correcta,  ellos deben de asegurarse de quién eres y saber si todo lo que vas a realizar es legal debido a que en su país está 100% legalizado. Pero otra cosa muy distinta es que lo hayas hecho exactamente de la misma manera (legal) y cumpliendo las leyes.

Bueno familia, como bien os dije, estaba segura de que esto sería una gran aventura y hasta el momento no me he equivocado. Pero, ¿sabéis una cosa? Todo lo sucedido es poco para lo que soy capaz de hacer y pasar por mi princesa. Ahora la pregunta es: ¿qué os contaré en el siguiente post? Lo descubriremos en unos días…

De momento solo recordaros que OS QUIERO.

 

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