MI PEQUEÑO REGALO.

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Como cualquier niña, disfrutaba de su infancia junto a sus padres y hermanos. Amor, ternura, protección, juegos, felicidad… todos los momentos que recuerda de aquellos años reúnen esas sensaciones. En la adolescencia, ya era consciente de que su padre trabajaba todo el día para traer dinero a casa, mientras su mamá les cuidaba a los tres hermanos día y noche: baño, comida, cena, colegio… su vida era única y exclusivamente sus hijos. Con más edad iba siendo consciente de que su prioridad sería ayudar a los suyos. Los amigos pasaron a un segundo plano; ¿el principal? su trabajo.

En este camino de madurez-adolescencia, se interpuso una persona muy especial para ella: Javier. Un joven guapo, trabajador y humilde que ella eligió para comenzar juntos de la mano un hermoso viaje. Tan solo dos años después la vida les hizo un regalo como fruto de su amor: su hija. Con diecinueve años dio un giro de 180º, ya que ahora ella se encontraba en el papel de sus padres años atrás. Llegó la hora de poner en practica la buena educación y enseñanza recibida por parte de ambos.

¿Su propósito? que a su hija nunca le faltase de nada. Comenzó trabajando en una tienda de alimentos y limpiando. Más tarde una oferta de trabajo le daría la oportunidad de ganar más dinero. Además de criar a su hija, también ayudaría a sus padres. De las diez de la mañana a las diez de la noche era el horario de una hamburguesería de su barrio en el cual trabajaba. Una vez el local se cerraba, ella y una amiga hacían cuatro horas extra para limpiar el establecimiento. Su niña con 5 años le acompañaba en sus horas de trabajo nocturno, descansando entre unas banquetas. Por la noche, al finalizar sus catorce horas, agarraba a su hija y en brazos caminaba durante cuarenta minutos hasta la casa de ambos tres.

Un giro hizo que todo cambiara y pasara a tener doble papel: papá y mamá; su marido falleció. Muchas necesidades sin hacerlas saber a los demás. Evitar problemas era su única preocupación. Zapatillas rotas, escasa ropa… daba igual, su poco dinero lo estaba invirtiendo en su mayor tesoro, su hija. Dormir tres horas para llevarla al colegio, recogerla, comer junto a ella y verla feliz era la dosis suficiente de energía para continuar luchando día tras día.

Cambió de trabajo por el mismo motivo: la economía. El horario se complicaba: de tres de la tarde a cuatro de la mañana en una sala de bingo. Siempre esbozaba una sonrisa, en su cabeza solo existía su pequeña y su familia. Nada cambió, a la entrada y salida del colegio ahí estaba ella, sonriente. Los días libres palomitas y películas juntas. Nunca salía con sus amigas, sus mejores fiestas eran junto a su pequeña. Los problemas económicos y dolores de cabeza se resolvían en la cama con la almohada, nunca delante de su hija. Una casa para ambas, cerca de sus padres con ayuda inmediata si lo precisaban, sus hermanos siempre protegidos y sin faltarles nada…

Esa es ella, una niña que creció aprendiendo con felicidad, una adolescente pendiente de su familia luchando junto a ellos, una adultez temprana rodeada de obstáculos que entorpecían un camino iniciado con la máxima ilusión…

Lo define como “la más bonita aventura que ha vivido, lo repetiría una y mil veces”.

Ella me enseñó a vivir con lo que uno tiene.

Ella me enseñó a ser feliz con unas zapatillas.

Ella me enseñó a no rendirme.

Ella me enseñó los valores de la vida.

Ella me enseñó la lucha diaria por conseguir un objetivo.

Ella me enseñó a convertir los momentos duros en débiles.

Ella me enseño a amar.

Ella me enseñó a respetar.

Ella me enseñó a ayudar.

Ella me enseño la vida.

Ella… MI MADRE.

Me encantaría poder recompensarte por todo lo has hecho por mi, todo tu sufrimiento y constancia. Es imposible, estás en un nivel excesivamente alto para alcanzarte. Te felicito, si tu objetivo era criar a una niña en la máxima felicidad sin carencias de nada, lo has conseguido. Mi infancia ha sido, es y será recordada siempre sin ningún momento turbio.

Hoy es un día muy especial, cumples un año más. Yo celebro que lo hagas junto a mi. Eres más que un ejemplo a seguir, no existe calificativo para una persona como tú. La perfección las has superado.

Te he admirado, te admiro y siempre te admiraré.

Solo deseo una cosa: si alguna vez soy madre, ser igual que tú.

FELIZ CUMPLEAÑOS MAMI, TE AMO.

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